martes, 16 de enero de 2007

No hay nada como limpiar el plato de postre con la cucharita


Puede llegar a ser muy molesto para el resto de los comensales, pero si se es muy joven, puede llegar a ser tolerado, contemplado e incluso admirado. No hay nada como aprovechar al máximo ese delicioso postre, sea helado, alguna torta, o una mousse, y no dejar ni rastro del mismo.
En un acto casi torturante para la familia, uno no puede evitar proceder en una forma inconteniblemente ruidosa y hacer uso de una cucharita -fiel compañera en aventuras carbohidratadas- para borrar hasta la última y cremosa evidencia y hacer de cuenta que por aquí no hubo postre.
Y es inevitable pensarlo (y hasta científicamente ha quedado demostrado) : ese poco que queda en el plato, ese insignificante rejunte que con tanto empeño no llega a llenar una mísera cucharada completa, jamás dejará de ser la cucharada más sabrosa.

2 comentarios incomparables:

Simon Erusalimsky dijo...

es verdad!!... y si podes te haces el dolobu y le pegas un lenguetazo q la lengua si q no deja ni rastro!!

Hernán dijo...

Siiiii!!! Por fin escucho a alguien decirlo!!! Lo que me causa más gracia es que mis viejos me lo permitan, porque ellos también se tientan de hacerlo!